Fuente: Arizaida Arcia
Autor: William Fariñas
Foto: Archivo La Voz del Río
Diosdado Cabello: apropósito de la política y lo militar
Viene… Es cierto que se requiere del
rigor de otras ciencias para abordar con mayor grado de certeza y menos
incertidumbre las aproximaciones a sus complejos procesos y situaciones. Forman
parte ya de los clásicos la comparación y analogías entre los métodos y
similitudes de las artes y estratagemas
bélicas, y la capacidad táctica para lograr objetivos precisos.
Las afirmaciones del Filósofo y militar alemán
Carl Von Clausewitz, uno de los más
influyentes teóricos del binomio política y milicia, sólo comparable con Sun
Tzu,: que La guerra no es sino la
continuación de las transacciones políticas, llevando consigo la mezcla de
otros medios. La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero
instrumento, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las
mismas con otros medios.
La guerra en relación a sus tendencias dominantes
constituye una maravillosa trinidad, compuesta del poder primordial de sus
elementos, de la confrontación y las hostilidades que pueden mirarse como un
ciego impulso de la naturaleza beligerante de nuestros enemigos; de la
caprichosa influencia de la probabilidad y del azar, que la convierten en una
libre actividad del alma; y de la subordinada naturaleza de un constructo
político, por la que recae puramente en el campo de la racionalidad.
Generalmente nos inclinamos más a creer lo malo que
lo bueno, a exagerarlo sin visible causa. Es cierto que la cuestión política no
penetra profundamente en los detalles de la guerra; no se colocan los
centinelas, no se conducen las patrullas según las consideraciones políticas.
Pero la influencia del elemento político es tanto mayor, cuando se hace el plan
de todas las operaciones, de la campaña y a menudo también de una batalla.
¿Cuál es la idea fundamental de la defensa? Es la de
parar un ataque de un poderoso adversario. ¿Por qué señal se distingue? Se
distingue porque en ella se espera que la agresión se deba detener. Cuanto más
importante y de mayor entidad sean los motivos de la guerra, cuanto más afectan
a los intereses vitales de los pueblos, con mayor empeño se tratará de derribar
al contendiente, entonces tienden a confundirse objetivo guerrero y fin político,
y la conflagración aparece menos política y más puramente guerrera.
Toda actividad militar está relacionada, directa o
indirectamente, con el combate. Es el fin por el cual un soldado es alistado,
equipado, armado y entrenado, y propósito por el cual come, duerme, bebe y
marcha, es simplemente, que él debe luchar en el lugar y momento correcto. La defensiva no es más que
una forma ventajosa de guerra, por medio de la cual se desea procurar la
victoria para poder, con ayuda de la preponderancia adquirida, pasar al ataque,
es decir a lograr un objeto positivo.
La patria bolivariana se apresta a escenificar uno de
sus trascendentes momentos de su historia. Es la confirmación de su
independencia política, único bien logrado en la epopeya del glorioso pueblo
venezolano en el siglo XIX; hoy doscientos años después se avecina una nueva
apetencia guerrerista imperial por nuestro petróleo y riquezas de nuestra
biosfera; nuestros enemigos no son los lacayos de aquí, son fuerzas potentes
acostumbradas a someter a pueblos y naciones enteras por estos fines; pero en
este siglo XXI se han topado con los hijos e hijas del Libertador Bolívar.
Somos el mismo ejército patriota de ayer libertario y
vencedor de imperios, y Diosdado Cabello es un soldado del pueblo y de la revolución
bolivariana, con él están millones de compañeros y su Comandante preparados
para los combates. Independencia y patria socialista. Viviremos y Venceremos.
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