Fuente: William
Fariñas
Twitter:
@williamfarinas
Fotos: Taringa. net/
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Las Islas Malvinas 1982: de la frustración e impotencia a
nuevas realidades
Viene... Cada nación de la América
mestiza tiene una historia que contar de las prepotencias y humillaciones
contra los anglosajones y demás potencias europeas, por apropiarse de hecho de
las riquezas naturales y humanas de nuestros suelos. Es una historia viva que
aun quisieran ellos mantener en plena era pos colonialistas y de liberación.
Las Islas Malvinas son un caso patético de las pretensiones británicas para
continuar generadas frustraciones e impotencias en nuestras hermanas
repúblicas. Esta región insular de la República de Argentina que se encuentra
en la plataforma continental de América del Sur, se halla
rodeada por el espacio marítimo epicontinental que Argentina denomina mar Argentino, a 464 km al este de su
territorio continental, menos de la distancia náutica de nuestras islas de aves
en el Caribe venezolano.
Desde los tiempos del
colonialismo español ha habido disputas por la posesión de estas sureñas islas
con Francia, Inglaterra inclusive contra los Estados Unidos de
América. Todo por su inmenso valor estratégico que representó en su época cuando
la bestial cacería de ballenas era el epicentro comercial de ese tiempo.
Las actividades de contraloría
que la naciente República Argentina
llevó a cabo contra barcos balleneros extranjeros, hicieron que la
corbeta de guerra Lexington de los Estados Unidos destruyera
en una oportunidad las instalaciones de Puerto Soledad. El 2 de enero
de 1833 llegó desde Inglaterra, después de recorrer 12.276 Km. la fragata de
guerra británica HMS Clio, al mando del
capitán John James Onslow, quien
comunicó a la asentada frágil autoridad insular de La Comandancia Política y
Militar, que iba a tomar, sin son ni ton,
posesión de las islas en nombre del rey de Inglaterra.
El capitán de la goleta argentina Sarandí, José María Pinedo, con
mucha dignidad, no se consideró en
condiciones de resistir y optó por embarcar a sus hombres y mujeres, y retornar
a tierra firme. Al día siguiente desembarcaron las fuerzas británicas, izaron
su pabellón imperial y arriaron la bandera albiceleste. Allí comenzó las primeras muestras de
impotencia de una naciente republica ante la prepotencia imperial británica.
30 años
después del intento de recuperación de las islas Malvinas, el pueblo y la
valiente presidenta Cristina (Fernández), han retomado estos sagrados asuntos
de la soberanía e integridad de ese territorio insular; tenemos que confesar
que también los soldados venezolanos
tenemos clavada en el alma patriota esa
espinita, al ver como se dejó solos a nuestros hermanos argentinos en esos
acontecimientos de abril de 1982.
Ni siquiera
el infeliz tratado impulsado por los yanquis, El TIAR, sirvió para persuadir
las pretensiones del reino británico y su gobierno forajido; más bien la
traición de los norteamericanos se hizo sentir, y no dudo ahora que así será
siempre. Fue cobarde y canalla, la
inacción por parte de los gobiernos de turnos en los países de esa época.
Quienes nos sentimos impotentes ante esas circunstancias, hoy podemos librarnos
de ella en virtud que la realidad de nuestros pueblos y gobiernos son distintas,
que nos permitirá librarnos de la dificultad de confrontarlos con otros medios
y otras vías.
Se somete pues, las sabias
intenciones de UNASUR, MERCOSUR, CELAC, ALBA y la sabiduría, majestad y
sencillez de los pueblos de la América Grande; la que parieron generaciones de
pueblos valientes que derrotaron a los imperios y que con la Gracia de la
Providencia no se dejaran humillar ahora. Hoy Argentina no está sola, y desde
la patria de Bolívar levantamos las banderas del amor, la paz y el sentimiento
más profundo antiimperialista.
¡Viva La
Argentina, Viva el glorioso pueblo argentino y su Presidenta Valiente!
Viviremos y Venceremos.
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