Fuente:
La Voz del Río/ Comunidad
Abg.
Edinson Lares Rojas/ Opinión
Viene… Ya para ese tiempo (1999-2000) presentaba el aspecto de
tragedia que se asoma como un latente peligro inminente. De hecho, eso de andar
como comerciante y vendedor al detalle no me duró ni diez meses, puestos que
salí con las tablas en la cabeza y casi perdiendo todo lo invertido en
mercancia e insumo junto con la buena voluntad; así, en posteriores
oportunidades estuve obligado en abstenerme de invertir en fabulosos negocios
que no dejaban más que muchos dolores de cabeza.
Pero
acostumbrado a pasar por ese lugar, hoy se lo comento a todo el mundo: Tengo
ganas de colocar un letrero que diga >si acierta la fecha de caída, seguro
gana lo que el dueño, el Consejo Comunal y la Alcaldía por la
corresponsabilidad que les toca pagar. Digo.
De
hecho, jamás le propuse a ninguna amiga, amigo o hermano el ocuparnos en andar
de soñadores o creídos montando cualquier tipo de negocio, cuando según mi
propia abuela materna “María El Pilar Rojas (1901-1971), que se dedicó a la compra-venta
de ropa o “mercancía seca”, por los lares occidentales del Zulia; decía tener
la razón al asegurar que: “en cualquier sitio donde pares un negocio, por muy
malo que sea, seguro te va a ir bien”…
A
lo mejor eso de ir bien en los negocios al rompe, ocurrió en otra época, o en
el tiempo cuando ella, mi recordada abuela, siendo adolescente caminaba hasta
la ciudad de Pampatar, en las fiesta de “El Viejo o Cristo del Buen Viaje” (3
Mayo); siempre desde su Altagracia querida, para vender entre otras cosas
“dulce de coco y pan casero”, comprado a mi otra abuela paterna “Iginia Lárez
Rodríguez” (1887-1952) -y revendido-, que ocupada en el oficio de hacer pan y
dulces de conserva, negociaban en la llamada época del comercio noble.
De
lo anterior tuve conocimiento muchos años después, puestos que ambas abuelas se
conocieron a mediados de los años 1915 a 1925; en la calle “Salazar” del sector
“El Otro Lado del Río”, La Asunción.
Lo
cierto es, que la fachada existe desde mediados de los años cincuenta (50) del
siglo XX, el sitio es bien conocido por todo los citadinos por nombrarse con el
sugestivo nombre de “La Cueva del Toco”, que sirvió a parroquianos de muchas
épocas, parar a calmar la sed con un buen vaso de Vino; aunque los más
aguerridos degustaban un sabroso anís, por mucho temor del arduo trabajo
diario, libar una carterita de ron servida por el popular bodeguero Ramón
Antonio Hidalgo.
La casa servirá para grabar serie de ficción "Fantasmas de la ciudad"
El
día que tomé la foto, una señora que no sabría decir su nombre, cruzaba esa
zona camino al conocido “Puente Colonial”, unas dos cuadras arriba y comentó:
“Seguro esa columna cae primero que el puente de piedra que la municipalidad no
cuida”. Pensativo, ya alejándose de mí, por varios metros, grité a la dama:
¡Señora, hay una apuesta; pero no incluye al Puente Colonial!… Vea que la gente
no repara en peligro así sean fachadas viejas y ruinosa.
De
hecho al día siguiente se calló una fachada a pocos metros hacía el norte de
esta posición, que presagia con tantas lluvias sobre la ciudad y la región
insular una llamada “reacción en
cadena”. Por cierto, esa casa con fachada caída, es la misma que guarda
una historia-leyenda relacionada con “La
hermosa visitante de Tacarigua”.
Pocos
lo saben, pero hay quien dice que una madrugada de marzo, una joven hermosa,
tomo un taxi por los lados de la capilla del citado poblado; y un señor que
pasaba, se ofreció a traerla en pleno palo de agua que caia en la ciudad y el
trayecto; además siendo amable y muy atento, el buen hombre le supo dar una
chaqueta nueva que siempre lo acompañaba; y al llegar frete a la casa, prometió
volver al otro día para recoger la apreciada chaqueta…
A
la mañana siguiente, muy sorprendido no encontró quien respondiera a su
llamado, en plena puerta de entrada a la casa, aconteciendo que una señora
vecina a la casa, llamó al taxista y le señaló que allí no había nadie desde
hacía muchos años. Pero señora -replicó el extraño-, casualmente anoche dejé
acá frente a la casa junto con mi chaqueta, una hermosa joven que recogí en
Tacarigua… Hay mijo, tú como que vistes al fantasma de la Hermosa joven de
Tacarigua; eso ocurre por esta época al comienzo del año y muchas personas
aseguran que esa aparición siempre se da en el mes marzo y se pierde en los
años cincuenta del siglo XX.
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