Fuente: Arizaida Arcia
Auto. William Fariñas
Apropósito de La CIDH y la Soberanía
Muy
interesante ha sido la pre campaña eleccionaria
en los escenarios de confrontación con las fuerzas patriotas. La
oposición venezolana no encuentra en que palo ahorcarse. Para la derecha y sus
congéneres apátridas, les ha sido muy difícil superar las terribles derrotas
sufridas en el abril revolucionario, con las encuestas, con la contundencia de
la ley orgánica del trabajo y la magnánima marcha del 1 de mayo. En estos últimos 2 meses el desespero,
producto de no contar con un candidato afianzado, que no levanta vuelo e
incapaz de atraer el afecto popular; les ha permitido experimentar inciertas e infames matrices mediáticas como el tema
del agua, las dolencias del Comandante y otras descargas sucias provenientes de
los laboratorios de Miami y sus aliados imperiales; se quieren afrentar ahora con el sagrado tema de la soberanía y los
derechos humanos.
El pasado lunes 30 de abril en el
marco de la firma de la LOT, el Presidente de La Republica Bolivariana de
Venezuela Hugo Chávez, anunció la instalación del Concejo de Estado,
solicitándole de inmediato, un estudio serio y profundo de la situación de la
tristemente célebre Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). El
Estado Venezolano y la patria revolucionaria de Bolívar, tienen suficientes
indicadores, normas fundamentales y sujetamiento jurídico nacional e
internacional para estudiar y hasta retirarse de esta falsa corte de jueces pro
imperiales que solapadamente abogan por la intervención de Venezuela. En
principio, todos los tratados multilaterales incluyen cláusulas de denuncias y
retiro con el fin de preservar el soberano derecho de la naciones de desligarse
de de antepuestas obligaciones y convenciones que pudiesen afectar la dignidad
e integridad de los pueblos. La soberanía del Estado y todos sus poderes residen
intransferiblemente en el pueblo bolivariano de Venezuela, quien la ejerce
directamente en la forma prevista en nuestra Constitución como norma suprema.
Precisamente fue esta camadas de
jueces CIDH, la que publica un comunicado el 14 de abril de 2002, que
abiertamente desconoce a la Carta Magna de los venezolanos y sus poderes
públicos y demás normativas (vacío de poder), llamando a elecciones durante los
lamentables hechos del golpe de estado de Carmona, abrogándose competencias anticonstitucionales
que no le competen. Las reiteradas posiciones contra revolucionarias la han
convertido en una suerte de tribunal de inquisición con poca rigurosidad y criterios de valoración en
sus distintos informes anuales, que incluyen a Venezuela como violadora de la
democracia y los derechos humanos.
Nuestro Embajador Roy Chaderton en
la OEA continuamente ha denunciado valientemente estos atrevimientos e injurias
contra el país y sus instituciones.
Asimismo se ha tenido el descaro la CIDH, de tardar más de 10 años en
pronunciarse por los cruentos sucesos del caracazo del 1989, y no obstante calla
las tropelías y torturas en Guantánamo por parte de EUA, con los privados de
libertad de naciones islámicas. Los venezolanos tenemos un legado de hermandad y amantes de la paz; como pueblo
mestizo se ha construido a partir de sacrificios y dificultades, de cruentas
guerras y abominables matanzas, de dominación y luchas, de confrontación
primigenia contra invasores, de dominación clasista, colonialista y esclavista y
de una esplendorosa emancipación y ahora liberación.
Tenemos un génesis republicano de lucha,
solidaridad, tolerancia y cooperación; somos un pueblo que no ha guardado
rencor, ni odios hacia nadie por nuestros
trances, holocaustos y
conflagraciones; al contrario hemos tenido el talante y madurez para superar
los insondables prejuicios contra quienes han sido nuestros enemigos y
adversarios. Venezuela es una tierra de gracia y honor para abordar estos delicados
asuntos de los derechos humanos sin
ninguna vacilación; de hecho la República cimienta su doctrina de Estado en la conciencia, ideas y acciones de
nuestros libertadores y ciudadanos ilustres. El patrimonio cognitivo de valores
y actitudes de la sociedad venezolana es herencia de abnegaciones infinitas
por lograr la libertad, la igualdad, la
justicia social y la paz ¡Viviremos y Venceremos!
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