Fuente: Arizaida Arcia
Autor: Diputado William Fariñas
@williamfarinas
Grano de mostaza
La humanidad cristiana conoce la
lamentable historia de la conjura y traición de Judas al bien amado
Maestro galileo, Jesús el redentor de los pueblos. El conspirador sabía
muy bien que entregando al Rabí a los secuaces gobernantes imperiales y
sequitos, le esperaba el castigo terrible de la crucifixión.
Los traidores se creen tener las
razones intelectuales suficientes y libre albedrío necesario para justificar
sus juicios y confabulaciones. Normalmente estos insidiosos personajes
que reniegan de los suyos, ocupan cargos importantes en la vida de la sociedad
de su tiempo. Tienen vocería y grandilocuencias en sus exposiciones y no pasan
desapercibidos.
El tristemente recordado personaje de Malinche
en la conquista mexicana, cobra especial vigencia cuando los pueblos de América
batallan decididamente por otros derroteros de independencia y democracia
protagónica. El imperio Norteamericano requiere y alimenta estos interlocutores
inicuos en sus desequilibradas pretensiones.
En Venezuela cohabitan algunos nacidos en esta
tierra de gracia, que abiertamente expresan su lealtad a esas potencias
poderosas. No dudamos en afirmar que en el oposicionismo mas rancio de la
derecha y burguesía, cohabitan estos conspicuos lacayos y cachorros del imperio
gringo.
No solo son posturas racionalmente políticas y
crematísticas, se percibe en estos farsantes que les mueven emociones de
envidia y encono en la profundidad de sus almas. Nadie duda que los traidores
hayan sido perniciosamente inteligentes para saltear los borrascosos caminos
del poder de sus países, buscando mantenerse en las esferas del poder y
la política. No se percatan que son indignamente utilizados como
capataces palaciegos de la nueva esclavitud y abominación imperial que desean
implantar a favor de las potencias extranjeras.
La actitud traidora de estos personajes no es
nada nueva en la historia sagrada de los pueblos de América en su lucha por su
liberación, soberanía y redención; simplemente esta actitud, es la vil
condición humana y lúgubre carga infame de la ingratitud y el egoísmo. La
traición de los coterráneos en la guerra es un elemento clave y vital que se
utiliza en todo proceso de conquista y dominación, y que lamentablemente se
repite como constante de la apostasía y deserción de los intrigantes y
fementidos.
Tozudamente siempre han existidos estos
actores de la vida pública, que complotan y traicionan a los suyos para escalar
siniestramente su estatus político y social ante una eventual aniquilación de
la nación.
En la patria de Bolívar y Chávez sabemos de
estas amenazas y quiénes son estos personajes; vamos por ellos con toda
la fuerza moral de la soberanía de la república y del poder
del Estado venezolano, ante que sea muy tarde para vivenciar las
terribles consecuencias de este germen satánico de la traición a los pueblos.
Venceremos.
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