Fuente: Gaspar Velásquez Morillo
Foto: Archivo La Voz del Río
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| La ética en la gestión pública y en el ideal revolucionario (Parte 1) |
Conexión entre ética, política y ciudadanía
En las tensas horas siguientes al
trágico Golpe de Estado pro-imperialista contra el gobierno revolucionario del
Comandante Hugo Chávez Frías el 11 de abril de 2002, nos contaron y vimos
muchas muestras de patriotismo y de defensa integral del sueño que se había
incubado en los pechos del pueblo venezolano, pero hay uno al cual queremos
referirnos y que quedó registrado en nuestra memoria y existe evidencia
histórica en un video, video que ha recorrido el mundo, el hecho aludido es
cuando un joven soldado patriota acompañado de otros en lo alto de la
instalación militar adyacente al Palacio de Miraflores en plena efervescencia
popular de apoyo a la Revolución Bolivariana agitaba una bandera de Venezuela
en muestra del beneplácito por la unidad cívico – militar[2]
que logró fertilizar para salir en defensa de la República Bolivariana de
Venezuela a la vez que exigían el
retorno inmediato del Presidente Constitucional de Venezuela, Comandante Hugo
Chávez Frías. Los Golpistas y el imperio estadounidense fueron a buscar, los
primeros su Estado oligárquico y los segundos su Estado servil, que en conjunto
es el Estado de la oligarquía nacional e internacional, el cual es un Estado
depredador y sojuzgador de los sueños de nuestro pueblo y que con su imposición
insolente quisieron desconocer e ignoraron la estirpe de donde proviene el
pueblo venezolano que en su conciencia contiene las fibras y el temple de
nuestras glorias patrias y que con su tesón echó al traste las pretensiones del
Imperio y sus lacayos en menos de 48 horas.
Ese Estado
oligárquico fue derrotado en las urnas electorales en 1.999 y cada día que pasa
queda más en evidencia su condición de opresor porque su defensa y razón de ser
es el Capital, la explotación del hombre por el hombre y adquiere la figura de
representativa de la sociedad; en tanto
que la República Bolivariana es un Estado de liberación, social, de justicia y
de derecho como consagra nuestro texto constitucional, donde está exaltada y se
defiende la participación protagónica para construir como fin último, una
sociedad justa y amante de la paz, con el fiel cumplimiento del ejercicio de la
voluntad popular donde la Soberanía reside intransferible en el pueblo quien la
ejerce libremente.
Con la
muerte física de Simón Bolívar, su ideal, su Doctrina, no consiguió rumbo, muy
a pesar de los esfuerzos de quienes lo seguían y se apoyaban en sus ideas, vale
recordar a Simón Rodríguez, su maestro insigne, y, luego Ezequiel Zamora; con
el devenir del tiempo seguimos luchando con diferentes métodos pero desde el 4
de Febrero y del 27 de noviembre del 92, así como con la elección presidencial
que elevó al Comandante Chávez a Miraflores y con la aprobación libérrima del
pueblo del texto constitucional el panorama político adquirió una nueva
connotación y se abrió paso a desactivar una bomba de tiempo socio - política
de incalculable consecuencia para dar cauce a un sentimiento irrefrenable de
ansia de libertad, donde la Política como “la participación protagónica del
pueblo en la toma de decisiones” adquiere otro sentido de ejercicio de
democracia, a lo que con denuedo se dedicó el Comandante Chávez.
Cuando se
aprueba las primeras leyes habilitantes por parte del Comandante Chávez se
desatan con fierezas las fuerzas reaccionarias, en un arrebato de soberbia al
saberse desplazada como clase dominante, la oligarquía arremete en desafueros,
retan al Presidente Chávez y despotrican de la voluntad del pueblo venezolano.

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