Fuente: Gaspar
Velásquez Morillo/ Opìnión
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| La pestilencia imperial contra Venezuela |
El acuerdo
de la CELAC en solidaridad con Venezuela por el atrevimiento del gobierno obamista
de EE.UU de sancionar a altos funcionarios de Venezuela, ha desesperado a la
diplomacia estadounidense, la cual ha quedado en entredicho y se agrava más su
situación ante el mundo, cuando el presidente Nicolás Maduro deja entrever que
la política hacia Venezuela de la administración obamista no la dirige directamente
el presidente del norteño país.
No
dudamos de la palabra del presidente venezolano, pero eso prende las alarmas
puesto que se incorpora nuevos elementos para entender el salvataje diplomático
y gubernamental del Imperio por aprobación de leyes extraterritoriales que
tienen que aceptar de por si otros países.
Por todas
y todos es sabido que en EE.UU hay un Poder Dual: el sistema de partidos tanto
el republicano como del demócrata que conforma un estamento institucional con
coherencia como Imperio y justo a su lado está, con el peso que implica el
Complejo Militar Industrial estadounidense con sus innovaciones mortífera para
acabar con la vida de pueblos enteros.
Todo
parece indicar que la administración obamista en la puja intrínseca de las
propias contradicciones ha cedido a sectores ultraconservadores la relación con
un país petrolero como es Venezuela, porque parecen que hubiese aperturado en
franquicias la política internacional, correspondiéndole a Venezuela, a quienes
sostienen aun la tesis de resolver las discrepancias con bombazos y las
amenazas de invasión se hacen cada vez abiertas, públicas y amenazantes, porque
cuando los gobiernos apelan a la soberanía de la nación como es el caso de
Venezuela eso irrita a los sectores guerreristas norteamericanos.
Es
público, notorio y comunicacional, los sostenidos ascensos de la patria de
Simón Bolívar en la escena internacional lo cual tiene desconcertado y
desatinado al gobierno obamista, el éxito de la reciente gira internacional del
presidente Maduro, ha conllevado a la amenaza insistente de un golpe de Estado
anunciado sin tapujo por el propio Vicepresidente de EE.UU Joe Biden, donde el
presidente Barack Obama pareciera estar ocupado o lo tienen ocupado trastienda
en otros menesteres rutinarios de su ejercicio gubernamental.
Ya con
antelación, sectores económicos y políticos de ultraderecha que hacen vida en
Venezuela, se ufanaban de haberle inyectado 3 hepatitis C al circuito económico
financiero del país y que sus resultados nefastos para verlos es cuestión de
tiempo.
El
presidente Maduro mantiene la iniciativa política pero necesita amarrarla del
sistema judicial y al movimiento de masa organizado y disciplinado para que
cada quien de la ultraderecha se atenga a las consecuencias por la conspiración
que ejecutan desde adentro y desde afuera, pero el factor clave es la audacia,
buenos servicios de información popular y el sentido de la oportunidad.
Con el caso de infiltrados y
traidores que el Imperio los muestra como valiosas piezas del ajedrez
conspirador, en ese sentido, hay dos variables al respecto: a) cumplieron con
su papel o b) fueron descubiertos antes de que cumplieran sus objetivos y
tuvieron que sacarlos a luz pública, para preservarlos o para usarlos como
simple pieza y luego lo desechan; la historia ubicará a cada quien en su seno o en los albañales.

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