Autor: William Fariñas/ Opinión
Grano de Mostaza
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| Chávez y Obama: una historia de opresión y liberación |
Hugo Chávez desciende de llaneros y campesinos, de
mulatos aborigen venezolano. De la estirpe de hombres y mujeres libres del
ejército zamorano; de los mismos libertadores y centauros de la tierra arrasada.
De aquellos soldados que se fueron con Bolívar y Sucre hasta
Ayacucho por los infatigables caminos de la América Grande, de los últimos
hombres a caballo. Un rebelde natural como los cimarrones de las montañas
lejanas y escondidas, como un auténtico zelote hijo de Simón. De mujeres
amorosas y maternales que arrullan a sus niños con el himno nacional.
Un soldado heroico de la patria amada. Líder
revolucionario y padre del socialismo del siglo XXI.
Barack Obama desciende de los primeros afro
descendiente traídos inmisericordes desde la profundidad mágica del África,
ardiente y mitigada. De aquellos dolores de ancianos esclavizados para aumentar
la riqueza del hombre blanco.
De la siembra del tabaco y algodón. Su piel es testimonio
desgarrado de historias encontradas, en millones de hombres y mujeres que
lucharon por su dignidad y derechos civiles en la Norteamérica anglosajona. Del
miedo terrible al Ku Klux Klan y de los alaridos centenarios de látigos
negreros que dejaron sus marcas aberrantes en las espaldas esclavizadas.
A Hugo Chávez le llegó la luz de Jesús el hijo de María, y se
abrazó al Cristo Redentor de los pueblos. Vivió de cerca la pobreza arañera,
tesón del trabajo humilde y abnegado de la abuela consumada. En una
escuela pueblerina y robinsoneana, escuchó la historia alerta de la espada de Bolívar
que camina por la América latina.
Se vino a la Caracas que el ejemplo dio, con su maleta de sueño
azul y libros rojos de emancipación. Se hizo cadete bolivariano y ciudadano de
a pié. Amó a un pueblo que más amor le devolvió.
Obama se hizo hombre de leyes y es el primer presidente
de su país descendiente de aquellos esclavizados que como ayer;
hoy al contrario, ha decidido insolente torcer el brazo a las demás
naciones que no acaten las decisiones del imperio que representa.
Barack Obama, premio Nobel, tomó como escudo la guerra
con sus flechas de destrucción y golpea fuertemente con sus
cicatrices de opresión. Hoy le recordamos a los dos; mientras Obama, el hijo
de esclavos africano, sacó más bien el fuete blanco gringo para seguir con la
opresión; Chávez se hizo constante de amor, dignidad y libertad de
un pueblo valiente, bravío e independiente.
Uno Obama, sigue como voz imperial guerrerista y de
dominación; el otro Chávez, se ha hecho millones en los pueblos del mundo por
su paz y liberación. Venceremos.

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