29 de abril de 2016

Por qué el pueblo bolivariano no debe admitir políticas disociadas de la derecha apátrida

Por qué el pueblo bolivariano no debe admitir
políticas disociadas de la derecha apátrida.
La Voz del Río/ Comunidad
Por Abg. Edinson Lares/ Opinión
Jamás se aceptaran políticas disociadas que buscan entregar los recursos y bienes tangibles de todas y todos los venezolanos a banqueros-empresarios serviles de transnacionales. Se debe estar sollado para mirar hacia otro lado y asumir una actitud de buda ante el estado irreal que proponen las y los vende patrias dirigentes lacayos del imperio criminal norteamericano. Cuando se entienda que ese estado de cosas es guiado, para quienes se dejaron influenciar con intención mediática y generado proceso instrumental, depositado su voto a favor de un “cambio” cargado de odio y violencia oligarca; seguro no habrá más que guardarse en sus casas y esperar que aparezca el verdugo para escuchar las deshonestas palabras de: “¡Vida o Macaco!”… Griten ¡Vida!... Y una timbrada voz, confirmará: ¡Pero también Macaco!
“Lo que está a la vista no necesita anteojos”… Y si no cree en las pruebas de traición a la soberanía venezolana por políticos o militares plenamente identificados, en contra del poder constituido del pueblo o el legítimo poder supremo de la Constitución en la República Bolivariana de Venezuela; no busque ni invoque a “Santo Tomás” y demás santos celestiales, porque nunca le otorgaran un recurso de amparo individual ni colectivo.
Reza una máxima militar que dice: “Guerra avisada no mata a soldado”. Pues bien, si no ha caído en cuenta o están pensando en pajaritos preñados o, esgrimen aquel ingenuo decir “con mi nación no te metas”, porque “ve tú no sabía nada”. Despierte amiga o amigo, camarada o compatriota, pipiolo o adepto al proceso de inclusión social y bienestar para todos; lo que viene es “bailar joropo con alpargatas” y seguir comiendo sardinas con yuca, por ser –hasta ahora- lo más barato para nutrir el estómago lleno de aire.
Pero, si lo no esperado se hizo insólito en las pasadas elecciones parlamentarias del 2015, que aun varios camaradas mensos tratan de explicar, por el lado más fino de la cuerda; ahora no hay ni tu tía ni más abuela que valga, ahí en la asamblea popular –y no privada exclusiva- se encumbraron por mayoría que no tenían, las y los propios artífices de la desobediencia social, el desastre inmoral de leyes amnésicas, genuinos promotores solapados de guerra económica alimentaria y embusteros políticos apátridas que culpan a otros y nunca asumen responsabilidad alguna. Cómo te explico.
“Por sus actos los conoceréis” ya tarde, cuando los planes guerreristas que mueve el águila del norte logre aplicar la “carta democrática”, cuya justificación de la deseada -por ellos- invasión armada que nos despojará hasta de nuestro propio gentilicio como pueblo; no espere que van a realizar el referendo. No lo cree, seguro usted –camarada-, se hace el sordo, anda de invidente por esas calles y se ha hecho el muerto estos años de lucha bolivariana; porque si a ver vamos, en los últimos veinticuatro años (1992) de rebelión popular, para sacar del malvado poder omnipotente, deseado por esos pocos disociados de la derecha apátrida, se han perdido vidas y materiales que merecían ser protegidos. El respeto exigido es reciproco y no se importa para resolver nuestra incalificable crisis.

Por qué el pueblo bolivariano no debe admitir políticas disociadas por la derecha apátrida… Porque perderíamos lo más sagrado que nuestros antepasados lograron a fuerza de honor, dignidad y derramar su propia sangre hace casi doscientos años (1821); y porque jamás doblaremos la columna para reverenciar a criminales potencias extranjeras y serviles políticos de la derecha apátrida, para entregar sin exigir ni defender el proceso revolucionario del pueblo bolivariano; por ende, el día que hinquemos nuestras rodillas en tierra, como Farriar y sus tropas, en Carabobo; solo será para afinar el tiro y hacer caer a cuanto criminal mercenario, se atreva a pisar con bota impune la tierra sagrada donde sin par nacen libertadores.

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