| Ahora llueve irregular sobre la tierra isleña de NE |
La Voz del
Río/ Comunidad
Por Abg.
Edinson Lares/ Opinión
Cuando llegué a la ciudad
de La Asunción, por aquel año de 1984, definitivamente para quedarme hasta el
presente en el sector “El Otro Lado del Río”, siempre con un andar aventurero
por toda la geografía nacional venezolana, argumenté una apreciación atrevida
al observar todo el “Valle de Santa Lucia”, completamente nublado y arreciando
la lluvia sobre casas coloniales, calles angostas y montañas de la gloria; con
los años, he confirmado que: Cuando en Caracas el día está radiante, en la Isla
de Margarita se precipitan las lluvias sobre
la tierra valerosa isleña de Nueva Esparta.
El fenómeno nunca lo he
estudiado en profundidad, no por flojera o que nada apasione el tema
atmosférico en islas y costas de tierra firme; es todo lo contrario al escuchar
a muchos adultos mayores agricultores y pescadores, cuando se refieren a las regulares
lluvias que designan “cabalinas de mayo”, preludio a los temidos huracanes
caribeños que en la temporada de Junio a Diciembre, son controlados bajo los
designios de fuerzas climáticas naturales.
Aún se recuerda por estos
pagos insulares, el vendaval acontecido en toda la región oriental y las islas
caribeñas por el año de 1933; que según versión divulgada por muchos pescadores
y habitantes de esta región, fue para los efectos climáticos “pavoroso, cuando
hasta las auyamas colgaban de las empalizadas; ante la fuerza del viento
desatado todo aquel día”. Sobre el particular, varias personas que refieren el suceso,
no recuerdan exacto el mes y el día del torrencial aguacero; pero en el diario “El
Carupanazo”, se publica la fecha de: “28 de junio de 1933” (Del escrito elaborado
por Asdrúbal J. Duarte).
Al respecto y mayor
aclaración sobre este tema, realizo la cita textual del periodista; como sigue:
“A pesar de
que las costas venezolanas, están ubicadas fuera de la trayectoria de los
grandes ciclones, los cuales durante centenares de años han estado azotando
muchos lugares en el mundo, y fundamentalmente las costas del Caribe; de allí
que debemos subrayar a algunos, y en especial el acaecido el 28 de junio de 1933, que de manera deferente
azotó inmisericordemente las costas del oriente del país. Este fenómeno hizo
énfasis en el Delta del Orinoco, pasando por el estado Sucre y luego por el
estado Nueva Esparta”.
Asimismo, agrega la nota
extraída de “El Carupanazo”, que: “Ese aciago día la Naturaleza, utilizó todas
las fuerzas macabras de todos los demonios, con crueldad ilimitada. Algunos
conterráneos, de edad avanzada, desmontando los hilos del recuerdo, afirman
que, durante los angustiosos momentos, los rayos, los truenos, la lluvia y el
viento, conformaban un cuadro apocalíptico, que obligaba a los moradores
arrodillarse y pedir al Creador del Universo, que calmara su ira. Las madres
angustiadas y aterrorizadas gritaban llenas de pavor, dirigiendo sus brazos
hacia el cielo, para que las fuerzas desconocidas calmaran su indignación y su
soberbia. Pero el viento era tan fuerte entre los árboles, que las voces se
perdían entre el ruido iracundo. Todo era dolor, llanto, desesperación y temor,
en tanto que la muerte rondaba a sus anchas, con apetito voraz”.
Cómo habrán rezado las y
los feligreses de la capital del estado y sus alrededores, que según narración
popular de la época, para reseñar todos los particulares sucesos que produjo
aquel olvidado vendaval; se refiere un hecho curioso donde el propio padre
Agustín, tomó parte, cuando en el quitado palco del área diagonal a la Catedral
de Nuestra Señora de La Asunción; ante elocuente muchedumbre clamó por el cese
de la lluvia y la absolución de todos los pecados cometidos por “autoridades, clérigos
y feligreses” que no cumplían con la Iglesia de Dios…
Bueno, después que
sobrevino la calma y las y los habitantes volvieron a sus quehaceres cotidianos;
nadie recuerda hoy esa sin igual petición del recio e inolvidable cura parroquial
capitalino. Pero, si está presente al menor asomo de nubes espesas, encomendarse
a Dios, cuando escombros y desechos de toda índole son lanzados al río “Caracas”,
por negligencia colectiva de servicios municipales y comunidad navegada cuando ahora llueve irregular.
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