1 de junio de 2016

Ahora llueve irregular sobre la tierra valerosa isleña de Nueva Esparta

Ahora llueve irregular sobre la tierra isleña de NE
La Voz del Río/ Comunidad
Por Abg. Edinson Lares/ Opinión
Cuando llegué a la ciudad de La Asunción, por aquel año de 1984, definitivamente para quedarme hasta el presente en el sector “El Otro Lado del Río”, siempre con un andar aventurero por toda la geografía nacional venezolana, argumenté una apreciación atrevida al observar todo el “Valle de Santa Lucia”, completamente nublado y arreciando la lluvia sobre casas coloniales, calles angostas y montañas de la gloria; con los años, he confirmado que: Cuando en Caracas el día está radiante, en la Isla de Margarita se precipitan las lluvias sobre la tierra valerosa isleña de Nueva Esparta.
El fenómeno nunca lo he estudiado en profundidad, no por flojera o que nada apasione el tema atmosférico en islas y costas de tierra firme; es todo lo contrario al escuchar a muchos adultos mayores agricultores y pescadores, cuando se refieren a las regulares lluvias que designan “cabalinas de mayo”, preludio a los temidos huracanes caribeños que en la temporada de Junio a Diciembre, son controlados bajo los designios de fuerzas climáticas naturales.
Aún se recuerda por estos pagos insulares, el vendaval acontecido en toda la región oriental y las islas caribeñas por el año de 1933; que según versión divulgada por muchos pescadores y habitantes de esta región, fue para los efectos climáticos “pavoroso, cuando hasta las auyamas colgaban de las empalizadas; ante la fuerza del viento desatado todo aquel día”. Sobre el particular, varias personas que refieren el suceso, no recuerdan exacto el mes y el día del torrencial aguacero; pero en el diario “El Carupanazo”, se publica la fecha de: “28 de junio de 1933” (Del escrito elaborado por Asdrúbal J. Duarte).
Al respecto y mayor aclaración sobre este tema, realizo la cita textual del periodista; como sigue: “A pesar de que las costas venezolanas, están ubicadas fuera de la trayectoria de los grandes ciclones, los cuales durante centenares de años han estado azotando muchos lugares en el mundo, y fundamentalmente las costas del Caribe; de allí que debemos subrayar a algunos, y en especial el acaecido el 28 de junio de 1933, que de manera deferente azotó inmisericordemente las costas del oriente del país. Este fenómeno hizo énfasis en el Delta del Orinoco, pasando por el estado Sucre y luego por el estado Nueva Esparta”.
Asimismo, agrega la nota extraída de “El Carupanazo”, que: “Ese aciago día la Naturaleza, utilizó todas las fuerzas macabras de todos los demonios, con crueldad ilimitada. Algunos conterráneos, de edad avanzada, desmontando los hilos del recuerdo, afirman que, durante los angustiosos momentos, los rayos, los truenos, la lluvia y el viento, conformaban un cuadro apocalíptico, que obligaba a los moradores arrodillarse y pedir al Creador del Universo, que calmara su ira. Las madres angustiadas y aterrorizadas gritaban llenas de pavor, dirigiendo sus brazos hacia el cielo, para que las fuerzas desconocidas calmaran su indignación y su soberbia. Pero el viento era tan fuerte entre los árboles, que las voces se perdían entre el ruido iracundo. Todo era dolor, llanto, desesperación y temor, en tanto que la muerte rondaba a sus anchas, con apetito voraz”.
Cómo habrán rezado las y los feligreses de la capital del estado y sus alrededores, que según narración popular de la época, para reseñar todos los particulares sucesos que produjo aquel olvidado vendaval; se refiere un hecho curioso donde el propio padre Agustín, tomó parte, cuando en el quitado palco del área diagonal a la Catedral de Nuestra Señora de La Asunción; ante elocuente muchedumbre clamó por el cese de la lluvia y la absolución de todos los pecados cometidos por “autoridades, clérigos y feligreses” que no cumplían con la Iglesia de Dios…

Bueno, después que sobrevino la calma y las y los habitantes volvieron a sus quehaceres cotidianos; nadie recuerda hoy esa sin igual petición del recio e inolvidable cura parroquial capitalino. Pero, si está presente al menor asomo de nubes espesas, encomendarse a Dios, cuando escombros y desechos de toda índole son lanzados al río “Caracas”, por negligencia colectiva de servicios municipales y comunidad navegada cuando ahora llueve irregular.

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