19 de julio de 2016

La transición

Fuente: Javier Monagas
javierdelvallemonagas@gmail.com
Texto: José Manuel Rodriguez
jmrr1144@gmail.com
Foto: Archivo La Voz del Río

La transición
            En términos abstractos significa un cambio en el modo de ser o estar. Políticamente es la mutación de un régimen preexistente a otro, que procura modificar los valores, normas e instituciones vigentes. Sin embargo, es curioso constatar que los teóricos de la política (esos que se sienten neutrales), lo utilizan para explicar el fenómeno de traslación de un régimen autoritario a otro democrático y no de divergentes formas democráticas. Como lo es la democracia socialista de la burguesa.
            Chávez hizo evidente que sus esfuerzos se centraban en el tránsito a esas formas más ágiles y directas de democracia. Lo refrendó con lo discursivo y con hechos. Desplegó, sin lugar a dudas, el estandarte del poder popular como el único capaz de llevarnos a profundizar permanentemente en la democracia. No cejó en ello hasta su muerte.
            La derecha venezolana e internacional lo enfrentó con todos los recursos legales e ilegales disponibles. Casi siempre resultó derrotada. Llamó populista ese estandarte, lo calificó de farsa que ocultaba el autoritarismo militar con la fantasía socialista. Es que, para la derecha, la inmutabilidad democrática está tallada en piedra. Al asegurar que eso no cambie están asegurando su control por las élites de la sociedad.
            No es mi intención discutir ahora sobre ambas convicciones, sólo presentarlas como antagónicas y, por lo tanto, obligadamente hegemónicas. Europa y USA, totalmente controladas por las élites plutocráticas, representa la quietud. En la América Meridional: Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil y Argentina, representaba el movimiento.

            ¿En qué dirección va ahora Brasil y Argentina? ¿Cuál es el futuro democrático que le espera a Venezuela? No sí se revoca a Maduro, que ya lo está, hablo de sí el Ejecutivo es tomado por la oposición. Cualquier progresista que no se plantee estas preguntas y califique como un ardid que el referéndum no se haga este año, está aupando, no una transición, sino el regreso a la democracia de la formalidad criminal, que le restituya el poder al único capitalismo posible en Venezuela, el rentista.

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